Entre el ludismo y el progreso

Entre el ludismo y el progreso

¿Es todo nuevo desarrollo, innovación?

Es una pregunta que me estoy haciendo durante algún tiempo. Podría pensar que no seguir los desarrollos que ocurren, en especial, en el mundo de los sistemas operativos libres, me transformarían en una especie de cruzado contra el cambio, como una especie de fe contra todo lo nuevo, como he visto en algunas personas en ciertos grupos. Cuando lo racional se internaliza de tal modo que deja de ser un argumento y va hacia una creencia personal; inhibe la posibilidad de debate posterior. En efecto, ¿cómo puedes llegar a un acuerdo con alguien, que, de antemano  no quiere, ni desea llegar a algún acuerdo? Palabras perdidas  y horas y horas de discusiones sin ningún sentido práctico.

Laptops

Quiero destacar que la palabra “ludismo” la tomo,  no en su sentido original –esto es negar todo tipo de avance tecnológico– sino en aquellos personas que de ambientes tecnológicos, son reticentes a aceptar nuevos desarrollos no por el desarrollo en sí, sino por los conceptos o cambios de paradigmas que involucran aceptar -o no- dichos avances. Hay un sustrato filosófico; o más bien deontológico -el deber ser- sobre el cómo deben funcionar -o no- ciertos componentes tecnológicos, que estas personas aceptan como mejores, buenos o algún tipo de superioridad que el nuevo desarrollo cambia, denegando, eliminando, haciendo incompatible con versiones anteriores del software o incluso, de sistemas completos.

El nacimiento del software libre como expresión máxima del ludismo *tecnológico*

¿Reacción o Progreso?

Muchos conocemos la historia de R.M. Stallman, un programador cualquiera que se encontró hace casi 40 años y fracción a un dilema que en la actualidad parece tan común, pero que, en aquellos tiempo estaba reservado a los centros de estudios y a las universidades.

Su verdadero Amor

Según la historia que él cuenta en sus continuas conferencias, se encontró con que una impresora que se trababa a menudo. Como la impresora se ubicaba en un lugar diferente, nadie se daba cuenta de que se había trabado, hasta que alguien iba a retirar el trabajo. Como ello era un problema que se podría arreglar fácilmente modificando el código fuente sobre el cual funcionaba  la impresora, Stallman decidió solicitar el código a los fabricantes, quienes se lo negaron, a menos que firmase un acuerdo de confidencialidad en el cual el se comprometía a no revelar ni traspasar o transferir el código a otras personas. Este simple hecho, que a comienzos de la década de los 80 era la tendencia de las empresas de hardware, significaba un cambio de paradigma a lo que se había entendido en la década anterior. Se había comenzado a concebir al software como una parte independiente del hardware que lo necesitaba para funcionar, y con un valor adicional. El secreto era – y aún es, en opinión de la mayoría de las empresas- la principal arma para limitar la competencia y el uso de los mismo productos por la parte del resto de la compañías del sector.  Stallman se encontró en una encrucijada ética.

Para él, compartir software era parte de su cultura hacker [1] una especie de conducta que podía rastrearse, hasta los comienzos de la informática. Por tanto, tenía dos opciones, una era allanarse a los nuevos tiempos o reaccionar contra ellos para conservar la libertad que tanto amaba. Stallman decidió reaccionar. Y creo numeroso software y una comunidad que a 40 años se mantiene fuerte y viva. No en el modo que a él le gustaría, pero, su idea es compartida o utilizada por muchas personas en el mundo. Quizás, y según mi opinión es su mayor logro, a pesar que muchas personas no tengan idea de RMS o del Software Libre. Con el curso de los años, nacerían nuevas comunidades que utilizarían en mayor o menor medida las herramientas creadas por Stallman y la fundación que el creó, la Free Software Foundation.

Un pedazo de los 70 casi 50 años después

73%

Una decisión de una persona cambió el mundo. Un mundo limitado, pero un mundo al fin, imperceptible, pero mucho más que tantos otros gurús ovacionados por la industria tecnológica. ¿Fue la decisión de Stallman más importante que la Steve Jobs al crear el Iphone, por ejemplo? Si lo juzgamos en términos de utilidad, creo que Stallman benefició a la humanidad en su conjunto- ya que no fue sólo software sino, un marco legal para proteger las libertades que Stallman deseaba que los usuarios de su software tuvieran o mantuvieran-, mientras el de Jobs, sólo a las empresas de Hardware y a los Desarrolladores en los nuevos Sistemas móviles. No es de extrañar que en muchas universidades  o centros técnicos brinden cursos especializados en programación  en los lenguajes de estos nuevos sistemas, o que el concepto de programar esté en la cultura popular asociada a la creación de software para estos entornos.  Stallman creó un oasis de libertad por una conducta que podríamos catalogar de reaccionaria, o ludita, a los avances de la época.

No todo lo nuevo es bueno, ni todo lo popular es correcto

Aquí vuelvo a la pregunta del comienzo.  ¿Cuándo catalogamos un nuevo desarrollo como una verdadera innovación? ¿Consideramos la isla de los 70′ una innovación? ¿Un avance tecnológico es tal  sólo por sí mismo o las nuevas líneas del código o  las nuevas funciones que agrega el nuevo programa,  o debemos incluir lo que externo, como flujo de trabajo, personas afectadas, otros desarrollos afectados, regresiones y otros efectos colaterales que puede traer -o no- ese avance tecnológico? ¿Cuando una regresión debe ser tratada como tal?  Si los desarrolladores dicen que una regresión es una característica nueva del programa, ¿debemos creerles?

Personalmente creo que no. Cada uno debe tener las herramientas  para formarse su propio juicio acerca de lo que puede ser bueno o no para los fines particulares de cada persona, entiendo que dichos fines pueden ser o no de lo más variado y sin ningún tipo de relación entre ellos. El problema es que no todas las personas tienen los elementos de  juicio adecuados o el conocimiento para cuestionar dicha opinión del experto. Parece ser un mal inexorable de nuestra especializada cultura que tendamos a confiar en aquellas personas que tienen un elevado nivel de conocimiento técnico del cual carecemos. Por numerosas razones tendemos a pensar que esa persona buscará la mejor solución tanto para nosotros como para él. Pero muchas veces, olvidamos que el experto puede actuar movido por sus propios intereses personales, lo que nos lleva a nuestra propia encrucijada, ya que, parafraseando a los watchmen, ¿quién vigila que el experto, basado en sus elevados conocimientos, haga lo mejor para nosotros? ¿Abusa de nuestra ignorancia, de nuestra imposibilidad para elegir lo mejor para nosotros por carecer de los conocimientos adecuados, y cómo podemos evitarlo si no tenemos idea de ello?

Conclusión

No tengo una respuesta, aún luego de pensarlo detenidamente.  A pesar que como sociedad vivimos inmersos en la confianza – al menos mínima- en los demás, no hay un parámetro para ju(z)gar con exactitud la información limitada que podemos procesar. Sin embargo, si nosotros no podemos contrastarla por nosotros mismos, debemos escuchar- al menos mínimamente- a aquellos que dicen por x.y.z razón  tal opción es mala o está en contra de la tendencia generalizada. Darles el espacio a fundamentar, y contrastar esos argumentos con los demás que poseemos para luego sacar nuestras propias conclusiones. Porque quizás tengan razón.

*************

[1] la cultura hacker se puede definir como una subcultura que nació en torno a los computadores, pero que se reduce a fabricar nuevo software/hardware e intentar cosas nuevas, rompiendo tus propios límites. Podríamos considerar que el DIY (fabrícalo tu mismo) es bastante heredera de este espíritu.

Deja un comentario